09
Aug
2011

Todo termina con el silbatazo inicial: El jugador (6 de 6)

El día ha llegado. Después de una larga temporada, hoy se juega la gran final y él sería uno de los 22 protagonistas iniciales de la tarde: Josué Fernández, la joven promesa del fútbol mexicano, revelación y goleador del torneo. Este día significaba la consolidación de Josué como un gran delantero. Ese día dejaba de ser una promesa para volverse una realidad. Ese día cerraba el mejor torneo de su corta carrera. Pero también, ese día, estaba muy nervioso. Sabía que iría de titular al frente junto con 'El Matador', el 'profe' se lo había confirmado esa misma mañana, y a diferencia de todos los demás partidos del torneo, hoy sentía toda la responsabilidad a cuestas. 

Usualmente era de los más alegres y movidos del autobús en el trayecto del hotel de concentración al estadio, pero esta vez estaba notablemente callado. Su mente lo llevó 2 años atrás, cuando estuvo a punto de truncar su carrera como futbolista; llevaba 7 años en las fuerzas básicas del club, siempre señalado como un jugador con mucho futuro, pero sintiéndose estancado en el último par de años: el club estaba viviendo uno de los peores momentos tanto económica como deportivamente. Su padre lo persuadió de dejar el fútbol y concentrarse en los estudios, y estuvo a punto de hacerlo, de no haber sido porque el equipo cambió de dueño y Jorge López, nuevo presidente del equipo, y Ernesto Méndez, nuevo entrenador, hablaron directamente con él para exponerle sus planes ambiciosos y románticos para regresar a ese gran equipo a los planos que por derecho le corresponden. No le costó mucho ceder ante las palabras promisorias que emitían ambas personas con una elocuencia y una ilusión pasmosa. Y ahí estaba ahora, dos años después, a punto de disputar su primera final como futbolista profesional, convertido en el ídolo de la juventud mexicana (sobre todo la femenina) y con ofertas para jugar en el extranjero. Una palmada en la nuca por parte del 'Loco' Suárez lo regresó a la realidad, habían llegado al estadio y ya todos estaban descendiendo del autobús. En ese momento quedó petrificado, no era capaz de sentir más nervios.

En el vestidor los nervios no cesaban, y todos lo notaron al ver cómo temblaba mientras amarraba las agujetas de sus zapatos. Antes de salir del vestuario todos se reunieron, ofrecieron una oración a la Virgen y el 'profe' les pidió que "antes de cualquier cosa, salgan a divertirse". Salieron al túnel, ahí saludo al árbitro Mario Fernández y se formó entre Márquez y Ruíz. Cuando recibieron la señal de que avanzaran hacia el campo, al mismo tiempo que sonaba el himno de la FIFA, sintió que el corazón se le salía del pecho. Pero al saltar al campo que lucía un verde radiante, ver las gradas repletas y sentir el ambiente estruendoso, se le puso la piel de gallina y lo llenó de adrenalina. Ya no estaba nervioso, ahora estaba ansioso porque el partido empezara lo antes posible. Dio unos piques cortos e hizo algunos estiramientos, antes de reunirse por última vez con los otros diez de su equipo. Se abrazaron en un círculo, se exigieron dejar todo en la cancha y se desearon suerte. Josué se paró en el centro del campo junto al 'Matador', en medio de ellos quedó el balón, listo para ser pateado en cuanto el árbitro así lo señalara. Josué se persignó y miró al cielo, el momento que tantas veces había imaginado por fin había llegado.

Los equipos estaban listos, el público expectante y los entrenadores nerviosos. El árbitro vio su reloj, la hora pactada se cumplía, se llevó el silbato a la boca y pitó el inicio del partido...

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