25
May
2011

Todo termina con el silbatazo inicial: El periodista (5 de 6)

El día ha llegado. Después de una larga temporada, hoy se juega la gran final y él es uno de los que la atestiguarán desde los palcos de prensa del estadio. Él estaba ahí para presenciar el partido más importante de la temporada, verlo con su ojo analítico y plasmar con su pluma los pormenores del encuentro. Esperaba, como el resto de la gente en el estadio, un gran partido. En la cancha se enfrentarían dos equipos con un palpable gusto por el buen fútbol y con una marcada propuesta ofensiva. Confiaba en que los entrenadores Méndez y Carvajal saldrían con lo mejor que tienen sin buscar especular. Además, de que pitaría Mario Fernández, la gran revelación arbitral del torneo. No había manera de que algo saliera mal en el encuentro de hoy, hablando desde el punto de vista del espectáculo: buenos entrenadores y buenos jugadores. 

Se sentó en su lugar asignado, con los demás reporteros de prensa escrita. La mayoría de las personas a su alrededor traían laptops, casi todos con internet móvil. Él nunca ha estado de acuerdo con eso, cree que es un distractor. Tranquilamente sacó su Moleskine y su pluma Mont Blanc, esos dos objetos es lo único que necesita para hacer su trabajo. Mientras se acomodaba volteó  a la izquierda, justo al palco de la televisión. Viendo a los comentaristas maquillarse para la cámara pensó: "uff, en la transmisión nacional van a estar estos payasos... bueno, al menos no van a ser los otros idiotas de enfrente...". Recordó su paso fugaz por la televisión deportiva, una mala experiencia: no tenía libertad de expresión, de arriba les marcaban la línea a todos y tenían que hablar bien del equipo de la empresa siempre. Por unos colegas se enteró que en la otra empresa era exactamente igual. Agradeció tanto ya no estar ahí. Comenzó sus anotaciones como siempre lo hacía: escribiendo la fecha en la esquina superior derecha. Hora y lugar prosiguieron verticalmente. Empezó a describir el ambiente previo al partido al mismo tiempo en que en su mente revivía imágenes de los días en que trabajó para el periódico deportivo de mayor circulación del país, otra mala experiencia: les insistían en solo escribir cosas de los equipos de mayor convocatoria, las notan siempre debían de llevar un matiz amarillista y había poco espacio para otros deportes. El día que supo que el director era aficionado del América, del Real Madrid y de los Yankees lo entendió todo.

Recordar todo esto lo hizo sonreír y mover la cabeza. Nunca le ha gustado que le digan qué hacer, es partidario de la creatividad de las personas. De un año para acá todo le estaba saliendo bien. Optó por independizarse: abrió un blog para poder llegar a gente que, como él, estaba harta de los medios mexicanos y cada vez tenía más afluencia de lectores. Publicaba 'posts' serios, mordaces y directos, sin la mínima obligación de quedar bien con nadie. Eso lo llevo a que un periódico serio le ofreciera publicar una nota semanal en su sección deportiva. Además, hace menos de un mes firmó un contrato con una cadena de televisión internacional para escribir en su revista mensual, en su página de internet y salir esporádicamente en los programas que se producían en México. Justo en ese momento regresó a la realidad gracias al estruendo del estadio debido a que los jugadores salían del túnel encabezados por la bandera de FIFA Fair Play. Todo estaba listo para disfrutar la que podría ser una de las mejores finales del fútbol mexicano.

Los equipos estaban listos, el público expectante y los entrenadores nerviosos. El árbitro vio su reloj, la hora pactada se cumplía, se llevó el silbato a la boca y pitó el inicio del partido...

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