Todo termina con el silbatazo inicial: El entrenador (4 de 6)

El día ha llegado. Después de una larga temporada, hoy se juega la gran final y él era uno de los que la presenciarían desde el banquillo. Él, Ernesto Méndez, sería una de las mentes que pondrían el planteamiento táctico y escogería a once de los protagonistas para ese partido. La verdad es que no tenía muchas dudas, alinearía a los mismos que lo habían llevado hasta la final: el veterano Omar Pérez en la portería; Herrera y Márquez en la central; Higuera y Faz volando por las laterales; Hernández en la contención, 'El Loco' Suárez de creativo, volanteando Ruíz y Castillo; arriba 'El Matador' Palacios junto a la gran revelación y goleador del torneo: el joven mexicano Josué Fernández.
Cuando iba en el camión camino al estadio recordó cuando hace poco menos de dos años recibió la llamada telefónica de Jorge López . En cuanto escuchó su voz en el teléfono sabía lo que quería, un par de semanas antes vio en las noticias su anuncio como el nuevo presidente del equipo de sus amores, y le llenó de ilusión poder ser el entrenador elegido para este nuevo proyecto que estaba por venir. El Licenciado López le explicó su idea de regresar al equipo a esos primeros planos del fútbol nacional que nunca debió haber dejado, haciendo una limpia al interior de la institución y del equipo, buscando patrocinadores fuertes, fortaleciendo las fuerzas básicas, contratando extranjeros de calidad y creando un uniforme libre de patrocinadores y digno del gran equipo que son. La propuesta del proyecto le fascinó tanto a Ernesto Méndez que aceptó inmediatamente. A los pocos días era presentado ante la prensa como la nueva cabeza del equipo. Al principio le costó mucho darle forma al equipo, se encontró con un vestidor dividido, jugadores mal entrenados que se dedicaban más a “echar grilla” y un escepticismo enorme. Poco a poco fue puliendo la plantilla: separó a los grilleros, les dio un ultimátum a los que se distraían mucho apareciendo en los medios y les dio oportunidades a las fuerzas básica, donde se encontró a la nueva joya del fútbol nacional: Josué Fernández, un centro delantero rápido, de fina técnica y un gran olfato goleador.
Después de haber entregado la alineación del partido, regresó junto al pizarrón donde había dado las últimas indicaciones tácticas para dirigirse por última vez a su equipo antes de la gran justa. Se dirigió hacia su plantel mirando directo a los ojos de todos y cada uno de sus jugadores. Le dijo unas palabras que les llegaron al corazón y motivaron enormemente a todos, recordándoles todo el trabajo que hicieron antes y durante la temporada, los sacrificios que tuvieron que hacer, los momentos difíciles y los grandes logros del equipo, y cerró entregándoles fotos y cartas de sus familias, lo cual tuvo justo el efecto que él deseaba. Acto seguido, todos se levantaron y se dirigieron al túnel que llevaba a la cancha. Ahí esperaron hasta que se los indicaron, y comenzaron a caminar cuando sonó el himno de la FIFA. Los jugadores saltaron al campo y los entrenadores a sus bancas, no sin antes saludarse, darse un afectuoso saludo y desearse suerte mutuamente. Ernesto tomó su lugar hecho un manojo de nervios y se persignó esperando el silbatazo inicial.
Los equipos estaban listos, el público expectante y los entrenadores nerviosos. El árbitro vio su reloj, la hora pactada se cumplía, se llevó el silbato a la boca y pitó el inicio del partido...







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