11
Jan
2011

Todo termina con el silbatazo inicial: El directivo (3 de 6)

El día ha llegado. Después de una larga temporada, hoy se juega la gran final y él era uno de los elegidos para presenciar el último partido del torneo en vivo y en directo desde el palco de honor del estadio que lucía lleno y pletórico. Dos años habían pasado ya desde que él, Jorge López, llegó a la presidencia del equipo y hoy estaba cumpliendo lo que había prometido: regresar al equipo a esos puestos importantes que por derecho propio merece. Al principio quiso romper relaciones con promotores, pero se dio cuenta de que eran un "mal necesario" y ahora agradecía las contrataciones de Palacios y Suárez provenientes de sudamérica, y que haya aparecido el joven mexicano Josué Fernández para refrescar la delantera del equipo, aunque realmente él no haya tenido nada que ver en la formación de este jugador.

Recordó que cuando llegó al equipo tenía a mucha gente en su contra, por un lado porque era muy jóven, apenas 35 años, como para tener un puesto directivo de esa envergadura, y por el otro era su primera incursión en el mundo del fútbol. Es cierto que era un caso de éxito en cuanto a jóvenes empresarios mexicanos y era un apasionado del deporte de las patadas, pero es un hecho también que esas dos cosas no garantizan que se pueda ser un buen directivo. Estudió a otros equipos del mundo y de México, como al Barcelona, Manchester United, PSV, Pachuca y Toluca; también estudió otra ligas del mundo como la inglesa, la española, la MLS e incluso la NFL. En especial agarró el libro de Ferrán Soriano como su pequeña biblia personal; le pareció fascinante que alguien desde la dirección del FC Barcelona plasmara lo que hicieron para llevar al equipo a los primeros planos mundiales deportiva y económicamente. Desde el principio buscó revivir viejas glorias del equipo y reconectar a todos los aficionados. Una de sus principales tareas fue "limpiar" la camiseta, no renovó el contrato con la marca deportiva que tenía, buscó una marca alemana de prestigio mundial y quitó los miles patrocinadores que colgaban como esferas en árbol de navidad, dejando solo uno al frente, lo que incrementó considerablemente las ventas. En ese instante el rugir del estadio lo sacó de sus pensamientos: los equipos estaban saltando al campo detrás de la bandera de FIFA Fair Play.

Ver a su equipo entrar a la cancha para disputar la final lo llenó de una gran emoción y al mismo tiempo de una profunda satisfacción. Fuera cual fuera el resultado sentía que ya habían ganado, cada torneo solamente dos equipos podían decir que habían llegado al último partido, el más importante, el único. Sabía que estaba callando muchas bocas que desde un principio lo cuestionaban y le ponían trabas, pero al mismo tiempo se dio cuenta de que ahora venía lo más difícil, consolidar el equipo y convertirlo en una dinastía. Pero por el momento, solo tenía que disfrutar del partido.

Los equipos estaban listos, el público expectante y los entrenadores nerviosos. El árbitro vio su reloj, la hora pactada se cumplía, se llevó el silbato a la boca y pitó el inicio del partido...

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